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Una madre y su habilidad para educar a los hijos en cuarentena, pero sin internet

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La mujer recicló un cuadro que halló en la basura y lo convirtió en pizarrón. La directora de la escuela, emocionada, viralizó la imagen de los chicos en las redes sociales.

En la cumbre de la montaña no hay wifi. No tienen celulares como quizás sí puede tener la mayoría de los niños de cualquier ciudad. Ellos pasan las horas del día sin ver videos en YouTube, ni Tik tok. En la casa no hay una pantalla plana, televisión por cable ni mucho menos televisión satelital.

En estos tiempos de cuarentena están más aislados todavía. Entonces ¿cómo hacer las tareas de la escuela sin celular?… Ese es uno de los principales desafíos de Paulina (9 años) y Santiago (11) a más de dos meses de aislamiento obligatorio, que no les permite ir a la escuela. Pero igual, los hermanos Chocobar deben aprender a leer, a escribir, sumar, restar, a leer cuentos y hacer trabajos manuales como pide «la seño». 

Los niños viven detrás del Cristo de San Javier, pero en la parte a la que no llegan los turistas. La zona que no sale en ninguna de las fotos que toman los visitantes. Las calles son de tierra y es difícil encontrar la casa. Martina Condorí es la madre, una mujer que antes trabajaba como empleada doméstica en Yerba Buena. Todos los días bajaba del cerro hasta la avenida Aconquija. Con el tiempo su marido, Walter Chocobar, enfermó y no pudo bajar más. Debía ocuparse de sus hijos, de su esposo y del hogar. Entonces, Martina cambió de oficio. Se dedicó a la costura. 

Paulina y Santiago, haciendo las tareas cerca del fuego para mitigar los días de frío.

La máquina de coser la salvó en la cuarentena. Gracias a la costura ha podido pagar las cuentas y poner carne en la heladera gracias

Me he puesto a hacer barbijos para la venta. Eso me ha salvado estos dos meses, insiste.

Chocobar, su esposo es empleado de la comuna y ayudó en la venta y distribución de los barbijos. Hace un par de semanas, una de las máquinas dejó de producir. El repuesto cuesta $ 3.000 y, por ahora, tendrá que esperar. Mientras tanto, Martina resuelve el problema con otra máquina más chica, pero sirve para salir del paso.

¿Comprará el repuesto?

Hay otras necesidades, responde en tono de lamento.

Que los hijos vayan a la escuela es un problema para ella y su marido. Los chicos, como muchos otros niños en todo el mundo, reciben las tareas por WhatsApp. Ahí está el problema para los padres de Paulina y de Santiago, porque no tienen acceso fácil a las nuevas tecnologías.

Patricia Jiménez es la directora de la escuela Otilde Toro, que está en la ruta 340 km 2.5, pasando el Cristo de San Javier. Lleva siete años como directora de esa escuela a la que deberían asistir Paulina y Santiago. La directora sabe que la familia Chocobar no tiene los recursos mínimos para recibir las tareas escolares. 

No tienen servicio de internet. Se manejan con datos móviles y, muchas veces, no tienen para cargar crédito, afirmó.

Un total de 175 alumnos están inscriptos en la escuela Otilde Toro, en los tres niveles de enseñanza, desde el Inicial hasta el secundario.

Hay chicos que hacen 10 o 15 kilómetros por día para llegar, dice la directora en referencia al período normal, sin cuarentena.

Las necesidades de las familias de la zona son muchas y, en la mayoría de los casos lo primero es cubrir los alimentos antes que pensar en comprar un celular.

Los chicos necesitarían celulares. Hay varios que no tienen. Y se les hace llegar el cuadernillo, pero no tenemos devolución, remarca la directora. Es una realidad de todo el país, no estábamos preparados para esto. A los docentes también nos ha costado emprender este trabajo y mucho más a las familias, agrega.

En la casa de la familia Condorí, los chicos se preparan para hacer la tarea. Para aprovechar el sol de la siesta, Paulina y Santiago prefieren hacer los deberes en el patio, a la intemperie. Su madre extiende un mantel sobre la mesa y los chicos se sientan a cumplir con la tarea escolar.

Patricia Jiménez, la directora de la escuela, admitió que muchas familias no tienen acceso a fotocopiadoras, ni a impresoras.

-Tenemos una familia que ha recogido un cuadro viejo de la basura, lo reciclaron y con eso construyeron un pizarrón y la Mamá le copia las tareas en esa pizarra para que puedan hacer las tareas.

La directora se refiere a los hermanos Chocobar. Los chicos se sientan en el patio. Martina, la madre, coloca una silla que sirve de sostén a lo que hace un tiempo era un cuadro y ahora es una pizarra.

EN LA ESCUELA. Un homenaje a la Pachamama realizado en 2019

-En esa época trabajaba en casas de familia -recuerda Martina-. La señora de la casa descartó el cuadro y lo tiró a la basura, pero yo me lo he traído a la casa y con mi marido lo pintamos y ahora sirve de pizarrón para los chicos.

Enterada de esta actitud, la directora de la escuela subió a su muro de Facebook una foto en la que se puede ver a los chicos en plena tarea. La docente escribió emocionada:

Las posibilidades aparecen para aquellos que las buscan. Me emocioné al ver que esta familia de la Escuela Otilde Toro de San Javier, hace todo lo posible con lo que tiene para apoyar y ayudar a que sus hijos aprendan. Sólo disponen de un pequeño dispositivo móvil para recibir las tareas del cual es imposible copiar. Tuvieron que reinventarse para que los niños puedan ver y realizar las tareas. Les crearon un pizarrón y colocaron cerca del fuego para que estudien calentitos. Este es un claro ejemplo de que cuando se quiere, se puede. Esto habla de esfuerzo, compromiso, de no darse por vencidosAlienta, enternece y nos dice hay esperanza

Por distintas razones e impedimentos familiares, Martina, la mamá de Paulina y de Santiago no pudo terminar el secundario. Solo llegó hasta segundo año. Pero ella dice que su mayor sueño es que sus hijos puedan terminar los estudios

Yo quiero simplemente que terminen de estudiar y el día de mañana se puedan recibir de algo, remarca.

Los barbijos que cose Martina Condorí.

Como no puede imprimir ni sacar fotocopias, la mujer va a un sector en el que hay señal de celular. Se conecta con su precario teléfono, recibe las tareas y empieza a escribir en el pizarrón para que sus hijos hagan los deberes.

-Lea nuevamente y complete el cuadro con los personajes que aparecen y los poderes que tienen -dice en el pizarrón-. Peronajes: Afrodita, Hera, Atenea, y Eris.

Hace una semana, una de las maestras les había pedido que vieran la televisión pública. Pero en la casa de la familia Chocobar no hay televisión desde que se quemó la fuente del aparato. 

-Volvimos a habilitar un viejo televisor en blanco y negro, que tenemos desde hace 14 años y con eso intentaban ver hasta que se quedó mudo.

Martina Condorí.

Para explicarle a las maestras cómo sus hijos hacían la tarea les mandó una foto. La maestra, a su vez, le pasó la imagen a la directora, quien la subió a Facebook. 

-Nunca me imaginé que iba a tener tanta repercusión esa foto. Yo soy de Potrero, en Trancas, en Rodeo Grande –dice Martina– y desde chica me enseñaron a hacer la tarea. Quiero que ellos tomen el mismo ejemplo. El varón es el escolta de la Bandera de Macha en la escuela, dice orgullosa.

Santiago y Paulina, con uniformes, que no usaron este año por la cuarentena.

En la escuela Otilde Toro tampoco hay internet. Las docentes aseguran que no es buena la conectividad para celulares. La directora explica que las maestras deben salir al patio, donde se puede captar algo de señal.

-Cuando nos mandan mensajes del área del Supervisor de zona, las maestras tenemos que salir a buscar señal a la parte de atrás de la escuela. Caminamos con el celular en la mano hasta poder recibir los mensajes. Hay familias muy comprometidas y se ve el apoyo hacia los chicos y también los
docentes, que tratan de estar en contacto con los padres, pero saben que los aparatos no son de última generación.

FUENTE: LA GACETA SALTA

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